La promesa silenciosa que la hermana Esperanza ya no podía recordar

“Quería asegurarme de que estabas bien”, dijo Paloma.

Abrió la puerta de la enfermería.

¿Empezamos?

El examen fue suave y breve.

La doctora Paloma le hizo a Esperanza una serie de preguntas, le tomó el pulso y le palpó cuidadosamente el abdomen. Luego abrió una pequeña bolsa de cuero y preparó una prueba.

La Madre Caridad estaba de pie junto a la ventana.

La hermana Lucía esperaba afuera con los niños.

Esperanza se sentó en el borde de la estrecha cama, observando las manos del médico.

—Pareces cansado —dijo Paloma.

“Tengo dos niños pequeños.”

“Eso explicaría gran parte de ello.”

“¿Habrá una tercera parte?”

“Lo sabremos pronto.”

Esperanza la miró.

“Ya lo sabes.”

Paloma hizo una pausa

“¿Qué te hace decir eso?”

“La forma en que te veías cuando entraste.”

“Eso no es un síntoma médico.”

“No. Es un ser humano.”

El médico dejó la prueba a un lado y la miró fijamente a los ojos.

“Te has vuelto más observador.”

“He tenido motivos para hacerlo.”

La Madre Caridad se apartó de la ventana.

“Esperanza, ¿hay algo que quieras contarnos?”

La joven monja juntó las manos.

“Recuerdo fragmentos de cosas.”

La doctora Paloma se quedó inmóvil.

¿Qué cosas?

“Una habitación. Una luz. A veces una voz. Creo que puede ser la tuya.”

El médico cerró su estuche hasta la mitad y luego lo volvió a abrir.

“Los recuerdos pueden confundirse durante los períodos de enfermedad.”

“¿Estuve enfermo?”

“Te has desmayado más de una vez.”

“¿Antes de mi primer embarazo?”

Paloma no respondió.

La Madre Caridad se acercó.

¿Doctor?

Paloma echó un vistazo al examen.

“Es positivo.”

La habitación quedó en completo silencio.

Esperanza bajó la mirada.

Aunque ya esperaba la respuesta, oírla confirmada pareció debilitarla. Sus hombros se encogieron ligeramente.

La Madre Caridad se acercó a ella.

¿Te encuentras mal?

“No.”

La voz de Esperanza tembló

“Estoy harta de que mi propia vida me sorprenda.”

La Madre Caridad se sentó a su lado y le tomó la mano.

Por un instante, el misterio se desvaneció tras algo más sencillo: una joven que había cargado con más incertidumbre de la que nadie debería haber tenido que soportar sola.

“Encontraremos la verdad”, dijo la Madre Caridad.

Esperanza la miró.

¿Seguiremos llamándolo verdad si cambia lo que creemos los unos de los otros?

La Madre Caridad apretó su mano alrededor de la de ella.