Una mañana cualquiera, un baño y, de repente… un misterio. Un pequeño objeto verde desconocido sobre los azulejos basta para desencadenar una investigación familiar en toda regla. Entre las descabelladas teorías de los vecinos en Facebook y la llamada que le salvó la vida a mamá, esta historia cotidiana nos revela algo curioso sobre cómo reaccionamos ante lo inesperado.
El baño se transforma en un lugar misterioso.
Imagínate esto: abres la puerta del baño y ahí, en el suelo, hay un pequeño objeto verde que no reconoces. Reacción inmediata: pedir ayuda. Segunda reacción: bajo ningún concepto lo toques con las manos desnudas.

Eso fue precisamente lo que vivió esta familia. El hombre se acercó, pañuelo en mano, con la cautela de un experto aficionado en desactivación de bombas. Lo que siguió fueron veinte largos minutos de especulación. Los vecinos del grupo de Facebook no fueron de mucha ayuda: «una babosa sin caparazón», «un huevo de otro lugar», «una muestra de jabón de alta gama»… Ninguna de las hipótesis tenía fundamento.