Los gemelos Mercer: una conspiración médica, una madre que volvió de la tumba y un padre dispuesto a todo

El casillero 417 y el Proyecto Eidolon

Siguiendo instrucciones que Genevieve había dejado años atrás, Lawson, su jefe de seguridad Prescott y Mara Bell —una mujer cuya hija también había sido víctima del mismo entramado— llegaron a la Estación Union. Dentro del casillero 417 encontraron una memoria USB, un cuaderno y una fotografía.

La imagen mostraba a Genevieve junto al doctor Yates, ambos con batas de laboratorio, frente a un letrero que decía: Proyecto Eidolon – Programa de Adaptación Celular Pediátrica. El cuaderno contenía notas escritas a mano por Genevieve, con dosis, secuencias genéticas y una frase repetida hasta la saturación: la reacción del paciente había sido inducida deliberadamente.

Jonah había recibido, tres meses antes de su primer diagnóstico, lo que Yates presentó como una vacuna de refuerzo. En realidad, era el detonante de una condición latente heredada de su madre.

Una capilla abandonada, una clínica secreta

La pista los condujo hasta la Capilla de Santa Inés, cerrada desde hacía años. Bajo el altar se ocultaba una clínica clandestina donde Genevieve había sobrevivido, más delgada, con una cicatriz en el cuello y el peso de haber permitido que sus hijos la creyeran muerta para protegerlos.

Allí explicó lo esencial:

  • Jonah heredó una inestabilidad celular que Yates activó siguiendo órdenes del Proyecto Eidolon.
  • Blythe se enfermó por causas naturales, atrapada en la misma investigación.
  • Eliza, la hija de Mara, había sido buscada por Crosby Vane —el verdadero cerebro detrás de todo— porque poseía una inmunidad celular estabilizada.

La terapia definitiva, dijo Genevieve, requería tres fuentes biológicas. Pero la secuencia final del tratamiento solo la conocía Yates, el mismo hombre que había enfermado a Jonah.

El ultimátum en el Muelle Nueve

Un mensaje de video confirmó lo peor: Vane tenía a Jonah y también a Yates, ahora prisionero y golpeado. La cita era a medianoche en el Muelle Nueve, con la exigencia de entregar a Genevieve, a Mara y todos los archivos del Proyecto Eidolon.

Lawson aceptó, pero no fue solo. La hermana Catherine ya había duplicado la información y la había enviado a fiscales federales, periodistas de investigación y al consejo internacional de ética médica. Cuando Vane recibió las notificaciones en su teléfono, su imperio se derrumbaba en tiempo real: cuentas congeladas, redadas, órdenes de emergencia.

 

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