Gracias por acompañarme hasta aquí Esto apenas comienza… La siguiente parte ya está en los comentarios Si no la encuentras
“Mamá, respeta a mi esposa.”
Pero no.
Sonrió como niño chiquito.
“¿Trajiste mole, ma?”“Claro, mi amor. Porque parece que tu esposa cree que con huevos y café ya cumple.”
Doña Teresa empezó a abrir cajones, revisar alacenas, mirar el refrigerador, tocar mis cosas. Hasta levantó una cobija doblada sobre el sillón como si buscara polvo.
“Señora, no puede revisar mi casa.”
“Tu casa es la casa de mi hijo.”
“No. Es mi departamento. Está a mi nombre.”
Diego bajó la mirada, pero no por vergüenza. Por enojo.
Doña Teresa sacó una libreta de su bolsa.
“Te hice unas reglas. Los domingos comemos en mi casa. La ropa de Diego se lava aparte. No sales con amigas sin avisarle. Y cuando yo venga, me recibes con respeto.”
Tomé la libreta y la cerré.
“No soy su empleada.”
Su cara cambió.
“Entonces aprende a ser esposa.”
Agarró la olla que traía llena de guisado hirviendo. Apenas alcancé a dar un paso atrás.
El caldo espeso me cayó encima de las piernas.
Grité.