El multimillonario fingió viajar a Canadá porque sospechaba que su ama de llaves hacía algo a sus hijas cuando él no estaba. Regresó en secreto y encendió las cámaras ocultas… Pero 45 minutos después, salió de la sala de seguridad pálido y caminó directamente hacia su prometida.

—Termina esa frase.

Nadie se movió.

Renata giró lentamente.

El teléfono casi se le cayó.

—¿Alejandro?

No contesté.

—¿Qué haces aquí? Tu avión…

Pasé junto a ella.

Me arrodillé delante de mis hijas.

Valeria retrocedió medio paso.

Eso me destruyó.

Mi propia hija parecía tener miedo de mi reacción.

—Valeria.

Le extendí las manos.

—Sofía.

Mi voz se quebró.

Perdónenme.

Valeria me miró.

—¿Estás enojado?

—¿Con ustedes?

Sofía se escondió detrás de Marisol.

—Renata dice que somos malas.

Sentí el pecho arder.

—No.

—Dijo que si te contábamos cosas ibas a mandarnos a un internado.

Cerré los ojos.

Meses antes Valeria me había dicho que Renata gritaba demasiado.

Yo le respondí que tenía que darle una oportunidad.

Que estaba acostumbrándose a ser parte de nuestra familia.

Que seguramente ellas todavía extrañaban a su mamá.

No había investigado.

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