Renata tocó mi
mano.
—Las personas silenciosas son las que más debes vigilar.
No quise creerle.
Pero la duda es una enfermedad discreta.
Empieza pequeña.
Luego contamina todo.
Durante días comencé a observar cosas que antes me parecían normales. Marisol sabía exactamente cómo le gustaba el desayuno a Sofía. Valeria la esperaba después de la escuela. Las 2 niñas parecían tranquilizarse cuando ella entraba a una habitación.
Antes veía cariño.
Ahora empezaba a preguntarme si Renata tenía razón.
Por eso inventé el viaje.
3 meses antes había autorizado una renovación completa del sistema de seguridad de la casa. Más de 30 cámaras discretas cubrían pasillos, salas, cocina, jardines y accesos comunes.
No había cámaras en dormitorios ni baños.
Pero sí suficientes para descubrir qué ocurría cuando nadie creía que yo estaba mirando.