Durante el desayuno, mi esposo me arrojó café hirviendo al rostro porque me negué a darle mi tarjeta bancaria a su hermana. Me dijo: “O obedeces o te vas”. Fui al hospital, guardé el informe médico y, al regresar, dejé mi anillo de bodas sobre la mesa… sin imaginar lo que él encontraría después. PARTE 1 —¡Si no le das tu tarjeta bancaria a mi hermana, lárgate de mi casa! —gritó Alejandro Salazar, antes de lanzar una taza de café hirviendo directamente al rostro de su esposa. No fue un accidente. Lo hizo a propósito, cegado por la ira y con la fría seguridad de un hombre convencido de que nadie en su casa se atrevería a enfrentarlo. El café ardiente salpicó la mejilla izquierda de Valeria Morales, descendió por su cuello y empapó la blusa blanca que había elegido para una videollamada con sus clientes. Durante dos largos segundos

La sangre abandonó el rostro de Alejandro.

—¿Cámaras?

—La cámara de

abogado fue directo.

—Si existe una grabación del ataque, un informe médico, mensajes sobre transferencias no autorizadas y un documento con firma falsificada, estás en serios problemas.

—Ella es mi esposa.

—Eso no te protege.

—El dinero se quedó dentro de la familia.

—Eso tampoco te protege.

—Puedo decir que ella me autorizó verbalmente.

—Los mensajes impresos indican lo contrario.

Alejandro cerró los ojos.

—¿Cuántos años podría enfrentar?

—Depende de los cargos. Fraude, falsificación, violencia familiar, lesiones… No puedo darte una cifra sin ver el expediente.

—Necesito que me representes.

Hubo una pausa

—Mi anticipo es de doscientos mil pesos.

Alejandro se quedó callado.

No tenía ese dinero.

Todo lo que usaba provenía de Valeria.

Sus tarjetas adicionales.

Su automóvil.

Su seguro médico.

Su estilo de vida.

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