Daniel golpeó la mesa con la palma.
—¡Eso no te convierte en su familia!
Miré directamente hacia él.
—Harrison pensaba lo contrario.
El silencio fue absoluto.
Daniel respiró profundamente y cambió de estrategia.
Sacó una carpeta.
—Entonces hagámoslo de manera civilizada.
Colocó un documento delante de mí.
—Firma esto y desapareceremos de tu vida.
Álvaro lo tomó antes de que pudiera tocarlo.
Leyó la primera página y su expresión se endureció.
—¿De dónde han sacado esto?
—No es asunto suyo.
—Sí que lo es.
Álvaro me entregó el documento.
No entendía el lenguaje jurídico, pero reconocí algunas palabras: renuncia, patrimonio, derechosconyugales.
—Quieren que renuncie a todo.
—Exactamente —dijo Daniel—. A cambio recibirás doscientos mil euros.Casi me reí.
Una semana antes había enterrado a mi marido y aquellos tres estaban intentando comprar mi silencio.
—No.
Daniel pareció sorprendido.
—Piénsalo bien. Hace tres años vivías prácticamente sin dinero. Doscientos mil euros es más de lo que podrías gastar durante el resto de tu vida.