Parte 2: El precio de la ceguera

Podría haber comprado cualquier hospital del mundo. Podría haber contratado a los mejores cirujanos del planeta. Podría haber invertido el curso de los flujos financieros de naciones enteras. Pero jamás podría —ni por todos los tesoros de esta tierra— recuperar esas ciento cuarenta y cuatro horas durante las cuales reduje mi propia vida a cenizas con mis propias manos.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *