variasfotografías, copias de documentos y una llave que no reconocí.
Pero fue una fotografía concreta la que hizo que me quedara inmóvil.
Mostraba a Savannah dormida en nuestra habitación.
La fotografía había sido tomada desde la puerta.
En el reverso había una fecha de hacía casi dos años.
Y debajo, escrita con la letra de mi madre, aparecía una sola frase:
«Fase uno.»
Sentí un escalofrío.
Aquello ya no parecía una serie de discusiones que habían ido demasiado lejos.
Parecía un plan.
Entonces sonó mi teléfono.
Era mi madre.
No contesté.
Volvió a llamar.
Y otra vez.
Finalmente apareció un mensaje en la pantalla:
«Christopher, no abras ese sobre. Hay cosas que Savannah nunca te ha contado.»
Me quedé mirando aquellas palabras.
Mi madre sabía exactamente lo que acababa de encontrar.
Pero ¿cómo podía saberlo si ya no estaba en casa?
Levanté la vista lentamente hacia el dormitorio.
Y