“Señora, necesitamos que usted y su hijo salgan afuera.”
Se me revolvió el
estómago.
Tomé la mano de Alejandro y le pregunté:
“¿Qué pasó? ¿Qué hizo mi hijo?”
El oficial se aclaró la garganta y respondió:
“Señora, ¿acaso no sabe lo que ha hecho su hijo? TIENE QUE ESCUCHAR LA VERDAD.”
El agente siguió hablando y sentí que el aire se me escapaba de los pulmones…
PARTE 2: El sacrificio
La mañana en que la policía llamó a mi puerta, pensé que mi hijo había hecho algo terrible. Ese fue mi primer error. El segundo fue suponer que ya conocía toda la historia unas noches antes, cuando entré en la habitación de Alejandro con una cesta de ropa sucia al hombro y me fijé en el espacio vacío junto a su escritorio.
Su guitarra había desaparecido.
—¿Alejandro? —llamé.
—¿Sí, mamá? —gritó desde la cocina.