# Me casé con un viudo que tenía dos hijas pequeñas; un día, una de ellas me preguntó: «¿QUIERES VER DÓNDE VIVE MI MAMÁ?» y me

Grace me llevó por el pasillo sin soltarme la mano.

Se detuvo frente a la puerta del sótano.

La cerradura de latón reflejaba la tenue luz.

—Si la desbloqueas, verás dónde vive mamá —susurró, casi sin voz por encima del ruido de la lluvia.

Mi corazón golpeaba con fuerza, cada latido resonando en mis oídos como un tambor.

Metí la mano en el bolsillo y saqué unas horquillas que había guardado para un proyecto de manualidades.

Introduje una en la cerradura.

Sentí un pequeño clic.

La cerradura cedió con un sonido suave y reticente.

La puerta se abrió con un chirrido, y la madera gimió como si despertara después de un largo sueño.

Un olor penetrante me golpeó.

Era fuerte y metálico, mezclado con el olor rancio de la tierra húmeda.

Me recordó a libros viejos abandonados durante años en un sótano, a lana mojada y a algo que había permanecido escondido durante mucho tiempo.

Lo que había debajo

El sótano era bajo y estrecho. El techo apenas dejaba espacio para que yo pudiera estar de pie.

Había cajas apiladas de cualquier manera contra las paredes, muebles viejos cubiertos con sábanas llenas de polvo y, en una esquina, un pequeño baúl de madera abierto.

Grace avanzó sin dudar.

Sus ojos brillaban.

—Aquí es donde mamá guardaba sus cosas —dijo, como si aquello fuera lo más normal del mundo.

Miré el baúl.

Dentro había fotografías antiguas y cartas descoloridas atadas con una cinta que hacía mucho que había perdido su color.

En una fotografía aparecía una mujer con una sonrisa amable. Tenía el cabello recogido en una trenza suelta y sostenía en brazos a un bebé que se parecía exactamente a Grace cuando era pequeña.

Los ojos de la mujer eran bondadosos, pero había algo en ellos que no conseguía identificar.

Mi mente comenzó a dar vueltas.

Daniel nunca había hablado mucho de su esposa. Solo había mencionado, de manera breve y silenciosa, que había muerto en un accidente de coche cuatro años atrás.

La casa siempre me había parecido un rompecabezas al que le faltaba una pieza.

Y ahora esa pieza estaba frente a mí, cubierta de polvo y tiempo.

Grace abrió un cajón y sacó una pequeña caja de madera.

Dentro había un collar.

Era una sencilla cadena de plata con un pequeño colgante en forma de corazón.