Vanessa: “Ni siquiera te has acostado con ella todavía.”
Adam: “Exactamente.”
Unos días más tarde llegó otro mensaje.
“¿Entonces todo ese esfuerzo fue para nada?”
Adam respondió:
“Ella no es algo que se pueda ganar.”
Claire leyó aquella frase dos veces.
No borraba lo que él había hecho.
Nada podía hacerlo.
Pero explicaba la extraña distancia que había notado últimamente cada vez que Vanessa hacía bromas sobre su relación.
Adam ya había intentado abandonar el juego.
Simplemente no había tenido el valor de contarle a Claire cómo había comenzado todo.
Y aquella cobardía los había llevado hasta ese momento.
Claire le devolvió el teléfono.
—Deberías habérmelo contado.
—Sí.
—En el momento en que te diste cuenta de que sentías algo por mí.
—Sí.
—Antes de que yo estuviera aquí, preparada para darte algo que he protegido toda mi vida.
Adam bajó los ojos.
—Sí.
Claire agarró su bolso.
Esta vez Adam no intentó detenerla.
No dijo que la amaba.

No pidió otra oportunidad.
Simplemente sacó la llave de la habitación del hotel del bolsillo, la dejó sobre la mesa y dijo:
—La habitación está pagada. Quédate si no quieres conducir. Yo me voy.
Claire lo miró fijamente.
—¿Te vas?
—Ya te quité una decisión al conocerte bajo falsas pretensiones.
Caminó hacia la puerta.
—No voy a quitarte otra esta noche.