volvió a escribirme.
“Mamá, encontré tres pólizas nuevas. Tú eres la asegurada. Papá es el beneficiario.”
Debajo venía una cifra que me hizo apretar la taza hasta sentir dolor en los dedos:
24 millones de pesos.
En ese instante entendí que mi esposo no había entrado de madrugada para asustarme.
Había entrado para matarme.
Y todavía no podía creer lo que estaba a punto de descubrir…
PARTE 2
Nicolás había encontrado las pólizas porque Ricardo le pidió ayudar a limpiar archivos de una cuenta familiar en la nube. Mi hijo, de catorce años, estudiaba en un colegio con residencia en Querétaro y era mucho más hábil con la tecnología de lo que su padre imaginaba.
Le pedí que no confrontara a nadie y que guardara copias de todo.
Después llamé a Rubén, quien durante años había sido jefe de seguridad de mi padre y ahora trabajaba conmigo en mi despacho