A las 2:13 de la madrugada mi hijo me advirtió: “Mamá, apaga la luz y escóndete; papá no puede verte”. Desde un cuarto oculto vi a mi esposo entrar con una jeringa, revisar nuestra cama y buscarme por toda la casa. No salí ni cuando se fue. Horas después encontré tres pólizas recientes… pero el seguro era apenas una parte de lo que planeaba quitarme.

volvió a escribirme.

“Mamá, encontré tres pólizas nuevas. Tú eres la asegurada. Papá es el beneficiario.”

Debajo venía una cifra que me hizo apretar la taza hasta sentir dolor en los dedos:

24 millones de pesos.

En ese instante entendí que mi esposo no había entrado de madrugada para asustarme.

Había entrado para matarme.

Y todavía no podía creer lo que estaba a punto de descubrir…

PARTE 2

Nicolás había encontrado las pólizas porque Ricardo le pidió ayudar a limpiar archivos de una cuenta familiar en la nube. Mi hijo, de catorce años, estudiaba en un colegio con residencia en Querétaro y era mucho más hábil con la tecnología de lo que su padre imaginaba.

Le pedí que no confrontara a nadie y que guardara copias de todo.

Después llamé a Rubén, quien durante años había sido jefe de seguridad de mi padre y ahora trabajaba conmigo en mi despacho