agachada, con una mano sobre la boca.
Unos minutos después escuché una llave en la puerta principal.
Pasos.
Lentos.
Demasiado cuidadosos para ser los pasos normales de mi marido.
Subieron por la escalera y se detuvieron frente a la recámara.
A través de una diminuta ventilación vi una silueta entrar. Era Ricardo. Llevaba gorra, chamarra oscura y guantes. En una mano traía una linterna pequeña. En la otra, algo que hizo que se me secara la garganta: una jeringa.
También llevaba una hoja doblada.
Se acercó a la cama, tocó las sábanas y se quedó inmóvil al descubrir que estaban vacías.
—Laura… —susurró.
Nunca había escuchado mi nombre sonar así.
Mi celular vibró dentro de mi mano. Nicolás me había enviado capturas de un historial de búsquedas sincronizado con una cuenta familiar.
“Cómo hacer parecer accidental una muerte por medicamentos.”
“Seguro de vida y fallecimiento por accidente.”
“Síntomas de depresión