—¡Esta mujer siempre ha sido una mentirosa! ¡Está intentando aprovecharse de los Lancaster! ¡Ethan, no le creas!
La miré con tranquilidad.
—Señora Lancaster, sigue siendo usted la misma.
—¡Guardias! ¡Saquen a esta mujer de aquí!
Ninguno de los
Todos habían visto los rostros de los tres muchachos.
Todos sabían que algo extraordinario estaba ocurriendo.
Entonces Daniel sacó un sobre de su chaqueta.
—Señor Lancaster, mi madre sabía que usted
Ethan lo miró.
—¿Qué es eso?
—Una prueba de ADN.
Daniel colocó el sobre sobre la mesa más cercana.
—La realizamos hace tres semanas. Los resultados confirman que usted es nuestro padre biológico.
El salón estalló.
Los periodistas comenzaron a hablar al mismo tiempo.
Los teléfonos se alzaron.
En las pantallas de todo el mundo apareció un titular que nadie había imaginado aquella noche:
«TRES HEREDEROS
Pero yo todavía no había terminado.
Saqué una carpeta de mi bolso.
—Y esto, Ethan, es algo que deberías leer antes de decidir qué hacer con tu fortuna.
Se la entregué.
En su interior había documentos que había guardado durante catorce años.
Copias de los mensajes que Margaret me había enviado después del divorcio.
Registros de las transferencias que recibí a través de un intermediario.
Y una carta que nunca llegué a abrir hasta años después.
Una carta firmada por el propio Ethan.
Él la reconoció inmediatamente.
Sus manos comenzaron a temblar.
—¿De dónde has sacado esto?
—De la caja que guardé después de abandonar tu mansión.
—Esta carta…
—Léela.
Ethan abrió el documento.
Sus ojos recorrieron las primeras líneas.
De pronto, levantó la cabeza y miró a su madre.
—¿Qué significa esto?
Margaret retrocedió.
—Hijo, puedo explicártelo…
—¡Te estoy preguntando qué significa!
Su voz resonó por todo el salón.
Yo recordaba perfectamente aquella
Ethan la había escrito semanas antes de nuestro divorcio.
En ella decía que quería hablar conmigo, que estaba dispuesto a enfrentarse a su madre y que necesitaba tiempo para resolver un problema relacionado con la familia Harper.
Pero la carta nunca llegó a mis manos.
Margaret la
Y no solo eso.
Había enviado respuestas falsas en mi nombre.
Durante semanas, ambos habíamos creído que el otro había elegido marcharse.
Hasta que Margaret decidió que ya no necesitaba mantener aquella mentira.
—¡Lo hice por ti! —gritó finalmente—. ¡Esa mujer no era adecuada para nuestra familia! ¡Si te hubieras quedado con ella, habrías perdido la oportunidad de convertirte en el hombre que eres hoy!
Ethan la miró como si acabara de descubrir que no conocía a su propia madre.
—¿Me hiciste creer que Isabella me había abandonado?