Era de mi padre.
—Me lo dio el día que se marchó —dijo Noah—. Me pidió que te lo entregara cuando cumpliéramos nuestra promesa del baile.
Miré a mamá.
Ella también parecía sorprendida.
—Yo no sabía nada de esa carta.

Abrí el sobre.
Dentro solo había una página.
Pero después de leer las primeras líneas comprendí por qué Noah la había protegido durante nueve años.
Mi padre no se había marchado simplemente porque ya no quisiera formar parte de nuestra familia.
Y Noah había sido la única persona que conocía la verdadera razón.