PARTE 2: CANCELÉ LA BODA SIETE DÍAS ANTES Y DESCUBRÍ QUE MI PROMETIDO Y SU ASISTENTE HABÍAN PREPARADO UNA VIDA A MIS ESPALDAS

Adrian se quedó mirándome.

Durante cinco años había conocido cada versión de mí.

La Elena cansada después de una guardia de dieciséis horas.

La Elena que podía resolver una emergencia mientras todos los demás entraban en pánico.

La Elena que había esperado meses para ahorrar suficiente dinero para nuestro viaje.

La Elena que había organizado nuestra boda hasta el último detalle.

Pero nunca había conocido a la Elena que decía basta.

—¿Qué acabas de decir? —preguntó.

—Que no voy a ir a ninguna parte contigo.

—Estás haciendo un escándalo por una tontería.

Miré el anillo sobre el buzón de sugerencias.

—Entonces deberías estar feliz de que una tontería haya cancelado una boda.

Sofía bajó la mirada.

—Adrian, déjala. Está cansada.

La miré.

—No vuelvas a hablar por él.

Ella parpadeó.

Adrian dio un paso hacia mí.

—Elena, vamos a casa.

—No.

—Nuestra casa.

—No es nuestra.

Mi voz salió tranquila.

—La compré antes de que nos comprometiéramos. Tú vives allí porque yo te invité.

Su expresión cambió.

—Nunca dijiste eso.

—No necesitaba hacerlo. Pensé que éramos una pareja, no dos desconocidos dividiendo territorio.

Adrian apretó la mandíbula.

—Estás reaccionando emocionalmente.

Solté una pequeña risa.