Savannah sehacía daño sola, que era emocionalmente inestable y que podía representar un peligro para nuestra hija.
Y después pensaba utilizar esas fotografías para convencerme a mí —y, si era necesario, a otras personas— de que Savannah no debía quedarse con el bebé.
—Dios mío… —murmuré.
Savannah estaba sentada a mi lado.
No lloró.
Simplemente cerró los ojos.
—Te dije que quería quitarme a mi hija.
Aquellas palabras me dolieron porque recordé todas las veces que había pensado que Savannah exageraba las tensiones con mi madre.
Seguí revisando la carpeta.
En el fondo encontré una carta sin enviar.
Estaba dirigida a mí.
«Querido Christopher:
Sé que algún día tendrás que tomar una decisión difícil. Savannah necesita ayuda. He intentado protegerte de la verdad, pero su comportamiento se está volviendo peligroso…»
No pude continuar.
Mi madre había escrito la historia antes incluso de que ocurriera.
Las lesiones.
Las fotografías.
Las