No.
Yo sabía exactamente qué había firmado antes de viajar.
Susan llevaba meses insistiendo en que organizara mis documentos personales. Después de enviudar, había dejado muchos papeles de Richard en una caja, otros en un cajón y algunos en una carpeta que casi nunca tocaba. Antes de irme a Londres, por fin había puesto todo en orden.
La escritura de la casa estaba ahí.
Mis documentos personales estaban ahí.
Los papeles que necesitaban mi firma estaban ahí.
Y no había firmado una autorización para vender mi casa.
Eso era lo que Daniela no sabía.
O quizá David sí lo sabía y por eso habían esperado a que yo estuviera fuera.
El taxi se detuvo frente al lugar donde iba a pasar aquella noche. Pagué, saqué la maleta y subí lentamente.
No lloré.
Todavía no.
Abrí el mensaje de Daniela otra vez.
Había algo más debajo de la primera