Mi esposo se convirtió en donante de órganos; su médico me detuvo en el pasillo del hospital y me dijo: “Hay algo que me hizo prometer que no te daría hasta ahora”.

Su último regalo no fueron solo los órganos que donó.

Fue un recordatorio de que el amor puede sobrevivir a la pérdida.

Incluso en los momentos más oscuros, la esperanza puede sobrevivir.

Y a veces, una simple promesa cumplida en el momento justo puede cambiar para siempre un corazón afligido.