Los médicos me dijeron que estaba esperando 7 bebés… pero en la sala de partos ocurrió algo que dejó .en shock a los médicos y al mundo entero-TAN

—Prepárense. Esperamos siete bebés.

Siete.

Todos esperaban siete.

Yo también.

Entonces se escuchó el primer llanto.

Era tan débil y suave que, al principio, pensé que estaba soñando.

Pero la enfermera dijo:

—El primero está vivo.

Me puse a llorar.

Luego nació el segundo.

El tercero.

El cuarto.

Ya no podía verlos.

Solo podía escuchar los sonidos.

Cada llanto representaba para mí una vida entera.

Cada llanto decía:

Ha llegado.

Está respirando.

Está luchando.

El quinto.

El sexto.

El séptimo.

Alguien en la habitación respiró profundamente y dijo:

—Siete.

Pensé que había terminado.

Por un momento cerré los ojos.

Quería creer que la parte más difícil ya

había pasado.

Quería pensar que ahora me dirían que todos estaban vivos y que todo estaría bien.

Pero justo en ese momento cambió la voz de uno de los médicos.

—Esperen…

 

Esa sola palabra congeló toda la sala.

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Abrí los ojos.

—¿Qué pasó? —susurré.

Nadie respondió.

Unos segundos después, se escuchó otro llanto en la sala de partos.

El octavo llanto.

No podía entender cómo era posible.

Todos habían contado siete.

Todos se habían preparado para siete bebés.

Una de las enfermeras miró al médico completamente sorprendida.

—Es el octavo…

Pero aquello no terminó ahí.

Entonces escuché el llanto que jamás olvidaré.

El más suave.

El más débil.

El más inesperado.

El noveno llanto.

En aquel instante sentí como si nadie en la sala de partos estuviera respirando.

Los médicos se quedaron inmóviles durante un segundo y después comenzaron a moverse nuevamente.

Más

rápido.

Con más seriedad.

Con más urgencia.

Escuché a alguien susurrar:

—Son nueve…

Nueve.

Había nueve bebés dentro de mí.

Nueve corazones.

Nueve respiraciones.

Nueve vidas, dos de las cuales nadie esperaba.

Pero la alegría de una madre no duró mucho.

Se llevaron a los bebés inmediatamente.

Tan rápido.

No tuve tiempo de sostener ni siquiera a uno de ellos.

No tuve tiempo de ver sus rostros.