HISTORIAS DE VIDA “Tengo 68 años… y sí, todavía quería sentirme amada. Pero estuve a punto de entregar los últimos años de mi vida a un mentiroso…”-TAN

Siempre sonreía al leer esas palabras.

Sí, cuido de mí misma.

Sí, tengo estabilidad económica.

Sí, tengo una casa preciosa, un nombre respetado, muchos seguidores, reconocimiento y el respeto de mucha gente.

Pero había algo de lo que casi nunca hablaba.

Estaba sola.

Mi esposo había muerto años atrás.

Él había sido el único hombre de mi vida que me miraba como si yo fuera la mujer más hermosa del mundo.

Después de su muerte, mi casa seguía llena de cosas caras, flores hermosas, cartas y regalos…

Pero ya no había una voz que dijera:

“Te necesito.”

Y créanme, a veces una mujer no necesita diamantes, aplausos ni miles de “me gusta”.

A veces solo necesita una frase sincera.

Un día, como de costumbre, abrí los mensajes de mi página.

Entre cientos de mensajes, uno llamó mi atención.

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