Fui a sorprender a mi esposo al hospital y su colega me preguntó llorando: “¿No te ha contado nada A kara?”

Todavía tenía en la mano la bolsa con el almuerzo cuando al doctor Ramiro se le llenaron los ojos de lágrimas. Adentro iban el sándwich de milanesa favorito de Andrés, una porción de flan casero y una notita doblada debajo del tenedor: “No tienes que cuidar de todo el mundo. Déjame cuidarte a ti un rato”.

—No te contó nada, ¿verdad? —me dijo Ramiro kara.

Se me cerró el estómago.

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