Valeria rechazó la solicitud.
No necesitaba escuchar una disculpa nacida del miedo.
El juez dictó medidas de reparación económica, restricciones permanentes de contacto y una condena de prisión para Alejandro por la combinación de delitos acreditados.
Rebeca
hasta el día en que comprendí que tú nunca me viste como una esposa, sino como algo que podías usar.”
Dobló la hoja.
Pero no la envió.
La rompió en pedazos y la dejó caer dentro del bote de basura.
Alejandro no merecía una respuesta.
La verdadera respuesta estaba en el departamento recuperado.
En las cuentas protegidas.
En la empresa que seguía creciendo.
En la cicatriz que ya no le daba vergüenza.
Y en la vida que Valeria había construido después de dejar el anillo sobre aquella mesa.
Porque Alejandro creyó que al arrojarle café hirviendo le estaba enseñando a obedecer.