Después de cinco años bañando a mi esposo paralítico, lo escuché reírse y decir que yo era “una enfermera gratis”. Ese día no grité… ese día empecé a quitarle todo sin que se diera cuenta.

cayó. 

—¿Desde cuándo estás ahí?

PARTE 2

—Desde “mientras me sirva”.

Esteban se quedó inmóvil.

El teléfono seguía pegado a su oreja. Del otro lado, Tomás preguntaba:

—¿Papá? ¿Qué pasó?

Yo caminé hasta la mesa, dejé mi bolsa encima y miré a mi esposo.

A ese hombre al que había bañado cinco años.

A ese hombre que me había visto dejar de comprar ropa, dejar de salir, dejar de dormir, dejar de existir.

—Cuelga —le dije.

Esteban intentó sonreír.

—Brenda, estás entendiendo mal.

—Cuelga.

No levanté la voz.

Eso fue lo que lo asustó.

Tomás seguía hablando.

—Papá, ¿está ahí la señora?

Esteban cortó la llamada.

—No sé qué escuchaste, pero—

—Escuché suficiente.

Me acerqué a él despacio.

La silla de ruedas estaba junto a la ventana. La sala olía a pañal limpio, desinfectante y sopa de verduras. El televisor estaba encendido sin sonido, mostrando un programa de concursos donde