e acercaba tu cumpleaños número veinticinco. Después vi tu perfil de Tinder.
—¿Y decidiste tener una cita conmigo?
—Al principio solo quería asegurarme de que realmente eras tú.
—¿Y después?
—Pensé que nos veríamos una sola vez y te contaría todo.
—Pero no lo hiciste.
—No pude.
Empecé a caminar enfadado por la habitación.
—Seis meses, Linda. Durante seis meses tuviste la oportunidad de decírmelo todos los días.
Ya estaba llorando.
—Lo sé.
—Te hablé de mi madre. De mi padre. Te conté lo poco que sabía sobre su muerte. Y tú estabas ahí, escuchándome, sabiendo todo esto.
—Lo sé.
—¿Por qué?
Guardó silencio durante mucho tiempo.
—Porque al principio tenía miedo de que no me creyeras.
Respiró profundamente.
—Pero unas semanas después empecé a tener miedo de otra cosa.
—¿De qué?
—De perderte si te decía la verdad.
La miré fijamente.
Continuó.
—Te busqué por una promesa relacionada con