primera línea.
Después la segunda.
Y tuve que sentarme porque de repente sentí que las piernas me fallaban.
Justo en ese momento escuché la voz alegre de Linda desde el dormitorio.
—¡Jason! ¡Cierra los ojos! ¡Ya salgo!
No pude responder.
Porque lo que estaba escrito detrás de aquella fotografía no solo explicaba por qué Linda tenía una foto mía de niño.
También explicaba por qué Linda me había encontrado en primer lugar.
Y lo peor de todo era que reconocí el nombre escrito al final.
Esa persona llevaba diecisiete años muerta.
Linda salió del dormitorio con el vestido verde esmeralda y una sonrisa en el rostro.
Pero en cuanto vio la fotografía en mi mano, se detuvo.
Su sonrisa desapareció de inmediato.
Por su expresión entendí que sabía exactamente lo que había encontrado.
—Jason…
—¿Qué es esto?
Linda no respondió.
Levanté la fotografía.
—¿Por qué tienes una foto mía de
