No jugaba con mis sentimientos.
Cuando decía que iba a llamarme, llamaba.
Cuando decía que quería verme, nunca tenía que preguntarme qué quería decir realmente.
Al principio, mis amigos se burlaban de mí.
—Jason, ¿encontraste novia o una segunda madre?
Yo también me reía.
Pero seis meses después ya no me importaba lo que pensaran.
Me había enamorado.
Unas semanas antes del cumpleaños de Linda, pasamos frente a una pequeña boutique. Ella se detuvo y se quedó mirando durante un buen rato un vestido verde esmeralda que estaba en el escaparate.
—Es precioso —dijo—. Pero jamás gastaría tanto dinero en un vestido.
A la mañana siguiente regresé a la tienda.
Durante varias semanas ahorré todo lo que pude y finalmente lo compré.
El día de su cumpleaños, cuando abrió la caja, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Te acordaste?
—Claro que sí.
Me besó y corrió al dormitorio para probárselo.