miedo de que mis hijos no sobrevivieran.
Uno de los médicos dijo en voz alta:
—Prepárense. Esperamos siete bebés.
Siete.
Todos esperaban siete.
Yo también.
Entonces se escuchó el primer llanto.
Era tan débil y suave que, al principio, pensé que estaba soñando.
Pero la enfermera dijo:
—El primero está vivo.
Me puse a llorar.
Luego nació el segundo.
El tercero.
El cuarto.
Ya no podía verlos.
Solo podía escuchar los sonidos.
Cada llanto representaba para mí una vida entera.
Cada llanto decía:
Ha llegado.
Está respirando.
Está luchando.
El quinto.
El sexto.
El séptimo.
Alguien en la habitación respiró profundamente y dijo:
—Siete.
Pensé que había terminado.
Por un momento cerré los ojos.
Quería creer que la parte más difícil ya había pasado.
Quería pensar que ahora me dirían que todos estaban vivos y que todo estaría bien.
Pero justo en ese momento cambió la voz de uno de