Los médicos me dijeron que estaba esperando 7 bebés… pero en la sala de partos ocurrió algo que dejó en shock a los médicos y al mundo entero

bendiciones.

Algunos decían que era una señal de Dios.

Otros decían que era muy peligroso.

Algunos me miraban como si ya me hubieran perdido, pero no se atrevían a decirlo en voz alta.

Pero nadie me preguntaba si dormía por las noches.

Y yo no dormía.

Me acostaba en la cama, colocaba una mano sobre mi vientre y escuchaba los movimientos dentro de mí.

Primero sentía una pequeña patada de un lado, luego del otro, y después parecía que todo mi vientre cobraba vida al mismo tiempo.

Mi cuerpo se volvía más pesado cada día.

A veces apenas podía respirar.

A veces sentía que ya no podía soportarlo.

Pero cada vez que quería llorar, sentía un pequeño movimiento desde dentro.

Como si uno de los bebés me dijera:

—Mamá, todavía estamos aquí.

No les puse nombres.

Tenía miedo.

No quería encariñarme tanto que, si perdía a alguno de ellos, mi