está buscando algo, a veces simplemente me detengo y los observo.
La gente me dice:
—Eres una madre muy fuerte.
Pero yo conozco la verdad.
No me hice fuerte porque quisiera serlo.
Me hice fuerte porque nueve pequeñas vidas me eligieron.
Y cuando recuerdo aquel día, cuando todos estaban preparados para siete bebés pero luego se escuchó el noveno llanto en la sala de partos, comprendo una cosa.
A veces un milagro no llega en silencio, de una manera hermosa o fácil.
A veces un milagro llega a través del dolor, el miedo y las lágrimas.
Y un día, cuando toda la habitación queda paralizada por la sorpresa, simplemente comienza a llorar.
Para que todos puedan comprender:
lo imposible ha nacido.