El consejo duró casi 3 horas. 3 consejeros cercanos a Álvaro abandonaron la sesión alegando conflicto de intereses. Los restantes reconocieron provisionalmente la autoridad de Valverde Patrimonial sobre el 52% y nombraron a Lucía presidenta ejecutiva interina hasta la resolución definitiva.
Su primera decisión sorprendió a todos.
—El apellido Roldán no puede seguir siendo el nombre de una empresa que nunca construyó 1 sola persona.
No eligió un nombre nuevo ese día. Quiso que lo propusieran los trabajadores.
Álvaro reaccionó con 4 recursos judiciales. Perdió los 4.
Las autoridades solicitaron documentación bancaria internacional. Los registros confirmaron las transferencias hacia Malta y su posterior dispersión. Lo que había empezado como un divorcio con una liquidación patrimonial agresiva terminó convertido en una investigación financiera mucho más amplia.
6 semanas después, el divorcio quedó formalizado.
Lucía recuperó el control de las participaciones familiares, los fondos identificados como desviados quedaron sujetos a las reclamaciones correspondientes y Álvaro conservó la vivienda de Chamberí, gravada por una deuda que él había ocultado incluso a su propio abogado. La investigación sobre sus movimientos financieros continuó por otra vía.
La mañana en que Inés la llamó para decirle que el divorcio ya era definitivo, Lucía estaba reunida con Samuel y el equipo de recursos humanos.
En la pared había 5 propuestas para el nuevo nombre de la empresa.
Lucía salió al pasillo y escuchó la noticia en silencio.
—Ya está —dijo Inés.
Lucía apoyó la espalda contra la pared. Durante unos segundos recordó la finca de Segovia, el olor del despacho de su abuelo, las partidas de ajedrez, la última conversación y aquella frase que durante años no había comprendido del todo: gestionar no era poseer.
Pero tampoco proteger significaba controlar.
Eduardo no había diseñado la vida de su nieta. Había dejado puertas abiertas, documentos ordenados y personas dignas de confianza. El resto lo había hecho ella.
Cuando regresó a la sala, Samuel le preguntó si quería votar por alguno de los 5 nombres.
Lucía miró las propuestas y negó con la cabeza.
—Primero quiero escuchar al equipo.
En ese momento entró Marina. Ya no trabajaba para Álvaro. Había aceptado colaborar con la investigación y estaba allí para entregar la última documentación interna. Se quedó junto a la puerta, incómoda.
Lucía se acercó.
—¿Te arrepientes de haber entrado aquí?
Marina tardó en responder.
—Me arrepiento de cómo entré. No de haberme quedado el tiempo suficiente para hacer lo correcto.
Lucía asintió.
No había perdones instantáneos ni abrazos de película. Había algo más difícil: consecuencias, verdad y la posibilidad de empezar de otra manera.
Meses después, la empresa adoptó un nuevo nombre elegido por sus trabajadores. El apellido Roldán desapareció de la fachada.